31 Cuevas del Almanzora: Aljarilla
Una cuenca rellena por ricos sedimentos depositados por el mar en el mioceno / plioceno (-23-1,8 M.A.); un clima cálido pero suave en primavera, otoño e invierno; un río Almanzora (con agua en tiempos pasados) abriendóse paso en su vega hacia el mar cercano, fueron tres de los factores determinantes que muy temprano en la prehistoria atrayeron nuestros lejanos antepasados nómadas en el entorno actual de Cuevas del Almanzora y luego, al alba de la ganaderia, de la agricultura y de la mineria hízo que esos núcleos humanos autóctonos diseminados a lo largo del río Almanzora (Almizaraque, Zájara, Portilla, Campos, Tres Cabezos,…) hasta el mar se fijaran en esta enclave acojedora.
A ellos, con el paso del tiempo, se unirán y mezclarán comerciantes, metalúrgicos e invasores, portadores de otras culturas del Mediterráneo oriental: Fenicios, cartaginenses, romanos, visigodos, árabes….
Hoy en dia, subiendo el curso algo desviado y encauzado del río Almanzora desde su desembocadura en Villaricos hacia su presa en la falda sur de la sierra de Almagro, se pueden captar los rasgos geográficos y geológicos que caracterizan esta parte de la gran cuenca de Vera, entorno singular donde se ubica el pueblo de Cuevas del Almanzora, cuyo nombre no solo se debe al largo río Almanzora (procede de Almanzor el Victorioso 940-1002) que lo roza sino también a la concentración de cuevas artificiales excarvadas a lo largo de los siglos en las lomas y acantilados sedimentarios que dominan su cauce y su valle.
Será en el periodo calcolítico y en la edad del bronce, cuando en la área mediterránea el uso del metal se generaliza y marqua las primicias de las excavaciones de cuevas y silos artificiales. Solían ser a menudo excavaciones para sepulturas, culto, hipogeos, silos-graneros… cavados en el mismo suelo y posteriormente en los sedimentos blandos: arenas, areniscas, margas…, de las márgenes fluviales erosionadas.
Al compas de los periodos de invasión e inseguridad o relativa tranquilidad, el troglodismo experimenta altos y bajos pero no cesa de desarollarse desde la antigüedad tardía hasta el medievo, bajo la dominación musulmana, durante la cual se incrementa el número de cuevas con un amplio abanico de usos: viviendas, silos de almacenamiento de grano y cosechas, corrales, atalayas, recovecos de escondite o defensa …..
Las cuevas artificiales más destacadas del pueblo de Cuevas del Almanzora son sin duda las de la terrera de Calguerín , barrio cercano a la plaza del castillo (ver blog: Cuevas del almanzora: la terrera de calguerín), algunas con raices medievales musulmanas, otras más contemporáneas o actuales.
No son las únicas,“bajando” de Vera hacia casi entrar en Cuevas, llegando al lugar del cabezo de los Silos, se desemboca en una llanura, cruce de vías naturales, donde corre el río Almanzora, eje geográfico hacia la desembocadura en la costa muy cercana y las depresiones intramontañosas del norte y del oeste.
Esta vega topa por un lado con una larga y alta terrera contra la cual rompian las aguas pluviales de la rambla Zutija y las avenidas del río Almanzora. Esta terrera es perforada, bajo su techo de conglomerado, por numerosas extrañas cavidades artificiales distribuida en varias hileras irregularmente superpuestas, restos de una arquitectura troglodita que llama la atención por su altura e interroga el visitante en cuanto a sus accesos y funciones.
Al pie del acantilado que llega a tener de 100 a 147 metros de altura se extienden las tierras fecundas del pago de Aljarilla. Aunque menos espectacular que la del paraje de Calguerin, la terrera de Aljarilla sorprende al romper el paisaje; El parecido con Calguerin hízo que el poeta D. José Martínez Alvarez de Sotomayor ya original “Kalifa de Calguerín” adquirio también una huerta al pie del exótico acantilado y se nombró “Sultán de Aljarilla” ; aún podemos ver el pequeño edificio coronado de almenas que fue alli su residencia.
El imaginario mundo musulman que recreó siglos despues de la reconquista el poeta, en su terruño de Cuevas, quizá tiene sus orígenes en relatos o fotografias de pueblos de Africa del norte donde abundan acantilados acondicionados con semejante tipologia. Será este hábitat trogloditico original, árabe y berebere que posteriormente servirá de patrón en las tierras conquistadas d’Al-Andalus.
En toda la edad media la provincia d’Al-Andalus atraviesa periodos de guerra, luchas internas y también afrentamientos con el reino cristiano. En el siglo XV, Cuevas del Almanzora llega a encontrarse en la zona fronteriza que separa el Reino musúlman de Granada al sur, del Reino cristiano de Murcia al norte. En este franja fluctuante e inestable del Bajo Almanzora, asediada alternativamente por los dos bandos, lugar de tráficos donde era bueno arramblar con cualquier botín, rehén o alimento para el abastecimiento de tropas, pequeñas comunidades campesinas y ganaderas vivían de las huertas cercanas al río, practicando el pastoreo y la agricultura de regadio.
En este contexto endémico de contienda, para sobrevivir era primordial disponer de una vivienda desempeñando el papel de refugio seguro, adelantársele al peligro y poner a salvo a la vez las personas, el ganado y las cosechas de cereales, legumbres, frutos que permitían aguantar el año o suministrar semillas para las próximas siembra, así como otros productos liquidos imprescindibles…
Del punto de vista estratégico, la terrera escarpada de Aljarilla reunía todos los requisitos para excarvar refugios y cuevas-silos: isotermia para proteger los productos agrícolas, espacio e inaccesibilidad.
Cabe señalar que el vertiente vertical que presenta hoy en día la terrera no tiene nada que ver con el de siglos atrás. Si la naturaleza del terreno: areniscas, calcarenitas, margas, techo de conglomerado… , ha favorecido la excavación y protegido durante un tiempo todo el conjunto subterráneo, esta no ha podido detener el desgaste de la erosión, por la falta de cohésión de las rocas, de la inestabilidad de las capas entrecortadas por fallas, de la permeabilidad,… alimentando así un constante e imparable proceso de desmoronamiento tanto de los sedimentos blandos del acantilado como de los conglomerados compactos del techo, proceso que no destaca mucho a escala humana pero relevante a intervales de siglos.
Si nos trasladamos en la época musulmana, cuando se construyeron las cuevas, habría que imaginar un acantilado cuya pared exterior sería más bien lisa con escasas y discretas grandes aperturas, pero con varios niveles de pequeños respiraderos (*) mezclandóse en el relieve, ocultando en su interior cámaras o silos con techo abovedado. (*era necesario garantizar una cierta ventilación)
Desde estos pequeños tragaluces que horadaban a varios niveles la parte superior del tajo se vigilaba el río y su vega cultivada hasta el mismo pie del acantilado, se controlaba las posibles incursiones desde el paso del mar hacia el interior, y los corredores oeste y norte de la sierra de Almagro y de la sierra Almagrera. Siglos más tarde despues del levantamiento de 1568 esos inaccesibles o invisibles “nidos de águilas”, todavía ofreceran refugio a moriscos fugados.
Se puede observar que las cuevas-silos van formando agrupaciones como por ejemplo la zona del”sombrero” que se corresponde a la parte donde el cerro de la terrera alcanza la maxima altura. Por regla general, el acceso, desde el exterior a las entradas del primer nivel solía hacerse desde abajo por una o dos veredas más o menos empidadas según lo que permitia el relieve de los derrumbamientos de la base. También por escaleras talladas si las vederas tenian mucha pendiente. Se usaban también pasarelas de madera si existia una cuneta entre el acantilado y los desmoronamientos, o escalas y entramados de madera, de cuerda que se podian retirar una vez dentro.
Si cada punto de la pared del acantilado cae a la vertical en relación con la llanura, el conjunto no se inscribe en un plano vertical porque la erosión abrío barrancos desde la meseta de conglomerado, y que también la terrera reproduce la sinuosidades del final de la rambla Zutija a lo largo de la cual se estira. Así que, según el lugar, algunas cuevas se quedan tapadas a la vista de otras, pero podian comunicar entre ellas por un laberinto de pasadizos interiores si las separaban una corta distancia.
La erosión superficial del acantilado provocada por los flujos e infiltraciones de aguas hace desconcharse y desplomarse de la pared vertical como gruesos bloques de sedimento en forma de tablas o escamas que debilitan el techo de conglomerado, poniendo en falso sus partes sobresaliente hasta su derrumbe.
Hoy en día los voluminosos corrimientos ocultan las entradas más bajas (algunas solian encontrarse a unos cinco metros de altura del suelo) así que el acantilado solo descubre unos cuatros niveles de aperturas llamadas “ventanas”, de varios tamaños más o menos rectangulares, también cortes de pequeñas galerias abovedadas, restos de pasadizos de intercomunicación entre silos cercanos. (No todos las cámaras tenian respiraderos , algunos eran “ciegas”). En las paredes de algunas “ventanas” se pueden ver como pequeños nichos o repisas que fueron tallados en el interior de la habitaciones.
El paso de un nivel a otro daba lugar a todo un complejo de laberintos interiores entonces solo conocidos por sus lugareños; se podia conseguir por estrechas escaleras de caracol, túneles en rampas inclinadas, pozos, chimeneas, solo dejando paso a una persona, cuyas entradas podian ser ocultadas, no dejando ni señal de su existencia.
Pasado los periodos de disturbios del medievo tardío, despues de la conquista cristiana, el uso de las cuevas-silos cae en el olvido, pero sigue perviviendo el habitat troglodítico. La necesidad obliga a pequeñas comunidades con escasez de medios ha aprovecharse de las terreras para viviendias a ras del suelo, dependencias de viviendas o cercados de ganado.
En la actualidad unas pocas adosadas a la terrera o a pequeñas lomas han sido restauradas y se usan como segunda residencia, pero no tienen nada que ver con sus antecesores porque reproducen en hueco lo que ofrece la arquitectura actual construida, con todas sus comodidades. Otras cuevas sin modificar pero cuidadas se siguen usando como bodegas y trasteros, otras no han tenido el mismo final y soportan muy mal las afrentas del olvido, de la erosión del tiempo, del hombre…
Hélios
Todo mi agradecimiento a Antonio Gonzalez Jódar por su ayuda acerca de los datos proporcionados sobre la red de cuevas “del sombrero” y de las cuevas de los “catorce peldaños”.
AVISO: Las imágenes están amparadas por la normativa existente sobre propiedad intelectual y protección de datos, no pudiendo ser reproducidas sin permiso de su autor : Hélios Garcia








































































